Si llevas tiempo informándote sobre altas capacidades, te habrá llegado la pregunta. En foros, en redes, en consultas: «¿las AACC son una neurodivergencia o no?». Y dependiendo de quién responda, escucharás cosas radicalmente distintas. Algunos profesionales lo afirman tajantemente. Otros lo niegan con la misma rotundidad. Las asociaciones se dividen. Las personas con AACC oscilan entre reivindicar la etiqueta y rechazarla.
En este artículo te ofrecemos un posicionamiento claro, argumentado y matizado, con los argumentos a favor y en contra y el estado actual del debate científico.
El término neurodivergencia fue acuñado en los años 90 por la socióloga australiana Judy Singer, dentro del movimiento de la neurodiversidad. Su propuesta original era cultural y política: dejar de tratar el autismo como una enfermedad y empezar a verlo como una variación natural del cerebro humano, igual de legítima que la neurotipia.
Hoy, neurodivergencia se utiliza en dos sentidos:
El primer sentido es el dominante en el mundo médico. El segundo lo es en las comunidades reivindicativas. Aquí es donde nace la confusión.
Los estudios de neuroimagen muestran que los cerebros con AACC presentan particularidades estructurales y funcionales: mayor materia gris en zonas asociadas al razonamiento abstracto, conexiones más densas entre hemisferios, hiperactivación frontal durante tareas complejas. No es solo «más inteligencia»: es otra arquitectura.
Las personas con AACC frecuentemente presentan:
Ninguno de estos rasgos se explica por «tener un CI alto». Son patrones de funcionamiento cerebral distintos.
Numerosos estudios muestran que la presencia conjunta de AACC con TDAH, autismo, dislexia o ansiedad es mucho más frecuente de lo que sería por azar. Si AACC fuera simplemente «más inteligencia», no aparecería sistemáticamente vinculada a otras neurodivergencias.
Quien tiene AACC suele relatar la sensación de pensar, sentir y procesar el mundo de manera diferente desde la infancia. Esta es exactamente la experiencia que describe el movimiento de la neurodiversidad.
El argumento clásico: las AACC no figuran como condición clínica en el manual diagnóstico de referencia. Si la neurodivergencia se define por lo que recoge el DSM, las AACC quedan fuera.
Tener un CI elevado, en sí mismo, no constituye un trastorno mental. Las dificultades asociadas (burnout, depresión, ansiedad) son consecuencia del desencaje con el entorno, no del rasgo en sí. Algunos profesionales sostienen que asimilar AACC a neurodivergencia patologiza una característica que no debería patologizarse.
Incluir AACC en el paraguas «neurodivergencia» puede llevar a esperar adaptaciones, baremos y recursos clínicos que no son los apropiados para este perfil, mezclando demandas legítimamente distintas.
Si todo lo que no es estadísticamente promedio es «neurodivergente», la etiqueta pierde poder reivindicativo para los colectivos que la acuñaron originalmente (autismo, TDAH).
En Atypikoo consideramos que las altas capacidades intelectuales son una forma de neurodivergencia, y lo hacemos por cuatro razones:
Esto no significa que sean un trastorno. Significa que son una variación legítima del cerebro humano, con sus ventajas y sus retos, y que merecen el mismo reconocimiento que otras formas de neurodiversidad.
Asumirse «neurodivergente AACC» en lugar de «simplemente listo» modifica la conversación interna:
En Atypikoo no hace falta elegir entre «AACC» y «neurodivergente». Aquí encontrarás a personas con altas capacidades, con TDAH, autistas, altamente sensibles y todas las combinaciones intermedias, conviviendo en el mismo espacio. Porque al final el debate teórico importa menos que la realidad cotidiana: encontrar a otros cerebros que entienden el tuyo.
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