¿Por qué nos hacemos amigos de quienes se nos parecen?
Photo : Unsplash
Neurodivergencia

¿Por qué nos hacemos amigos de quienes se nos parecen?

David @david-es
20 juil. 2026
8 min

Marina, logopeda de 34 años, recuerda una cena de cumpleaños. Una mesa de doce, el ruido de varias conversaciones y esas ganas de salir a tomar aire que no se atreve a expresar. La desconocida sentada a su lado mira la puerta en el mismo instante. Sonríen, salen juntas y en diez minutos descubren la misma aversión a las grandes mesas, un humor parecido y la necesidad de hablar sin dobles sentidos. Seis años después, siguen siendo amigas.

La escena es compuesta. Plantea una pregunta, no demuestra una ley: ¿de dónde viene esa impresión de reconocer a alguien casi de inmediato?

La respuesta popular dice que «Dios los cría y ellos se juntan». La investigación confirma parte de esa intuición: los vínculos sociales aparecen a menudo entre personas que comparten ciertas características. Sin embargo, la historia es más compleja que una especie de algoritmo del destino. También conocemos a gente parecida porque los estudios, el trabajo, el barrio o las plataformas nos colocan en el mismo sitio. Y, cuando una relación ya existe, sentirse semejantes puede importar más que serlo de manera objetiva.

El parecido es un posible punto de partida. No constituye una prueba de compatibilidad ni garantiza una amistad duradera.

Homofilia: lo que observan realmente las ciencias sociales

La homofilia describe una regularidad sencilla: los vínculos entre personas parecidas aparecen con mayor frecuencia que los vínculos entre personas diferentes. La gran revisión de Miller McPherson, Lynn Smith-Lovin y James Cook documenta el fenómeno en la amistad, la pareja, el trabajo, las redes de apoyo y las asociaciones (McPherson et al., 2001).

El parecido puede referirse a la edad, los estudios, el entorno social, la religión, las actitudes, los comportamientos, la profesión o los intereses. Eso no significa que cada persona busque conscientemente un doble. Parte de la homofilia procede de las oportunidades disponibles.

Nos relacionamos con quienes estudian, trabajan, viven o participan en actividades cerca de nosotros. Esos espacios ya están organizados socialmente. Una estudiante de Bellas Artes conocerá a más estudiantes de arte que los que encontraría en una muestra aleatoria de la población. Si surge una amistad, parecerá basada en el parecido, aunque la proximidad haya hecho posible primero el encuentro.

Los investigadores distinguen así la homofilia de base, producida por la composición del entorno, de la preferencia por lo semejante que persiste más allá de esas oportunidades. Ambas se combinan. Elegimos, pero elegimos entre las personas que nuestro mundo nos permite conocer.

Esta precisión evita un primer error: la homofilia no es una ley que condene las diferencias al fracaso. Es una tendencia estadística en la formación y el mantenimiento de vínculos, con efectos distintos según cada característica.

¿Parecido real o sensación de parecerse?

Dos personas pueden compartir diagnóstico, profesión y diez grupos favoritos sin sentir ninguna complicidad. Otras pueden tener biografías opuestas y reconocerse en la misma forma de escuchar, hacer humor o afrontar un desacuerdo.

Un metaanálisis de 313 investigaciones distinguió entre la similitud real, medida por los investigadores, y la similitud percibida por los participantes. En situaciones sin interacción o en encuentros breves, la similitud real estaba asociada con la atracción. En relaciones ya existentes ese efecto dejaba de ser significativo, mientras que la similitud percibida seguía prediciendo la atracción (Montoya, Horton y Kirchner, 2008).

Eso no demuestra que los hechos carezcan de importancia. Sugiere que la experiencia subjetiva del vínculo cambia. Con el tiempo, «esta persona se parece a mí» puede significar «comprende lo que intento expresar», «esperamos cosas compatibles de la amistad» o «puedo anticipar su reacción», más que «hemos marcado las mismas casillas».

Por tanto, «los polos opuestos se atraen» no es una regla general demostrada. Las diferencias pueden despertar curiosidad, alimentar una conversación o aportar una perspectiva nueva. No crean automáticamente complementariedad. Del mismo modo, el parecido puede facilitar un encuentro sin bastar para sostener la relación.

Por qué el parecido puede facilitar una amistad

Lo semejante reduce a veces el número de incógnitas que hay que negociar. Dos personas que prefieren los planes organizados entienden mejor que una invitación de última hora no siempre es bienvenida. Dos amigos que valoran la franqueza pueden pedir una aclaración en vez de buscar un doble sentido. Una relación parecida con el tiempo, el ruido o la frecuencia de los mensajes vuelve el día a día más previsible.

El parecido también facilita la validación. Encontrar a alguien que ha vivido el mismo cansancio, rechazo o interés intenso puede convertir una experiencia vergonzosa en algo compartido. El alivio no nace únicamente de una etiqueta común. Nace del tiempo de explicación que se ahorra y de saber que el otro considera creíble la experiencia.

Pero ninguna de esas semejanzas actúa sola. Dos personas muy directas pueden disfrutar de su franqueza o herirse continuamente. Dos personas que responden tarde pueden comprenderse o dejar que la relación se apague porque ninguna toma la iniciativa. Compartir un rasgo crea una posibilidad de acuerdo; no redacta el acuerdo por ellas.

Neurotipos cercanos: qué sugieren los primeros estudios

La investigación dedicada específicamente a las amistades neurodivergentes es reciente. El estudio en línea de Sharman y Seedorf con 230 adultos encontró que los participantes neurodivergentes declaraban más amigos neurodivergentes y, en particular, más amigos del mismo neurotipo. También mostraban una preferencia mayor por esas relaciones que los participantes neurotípicos (Sharman y Seedorf, 2025).

Las respuestas cualitativas hablaban de comunicación más directa, menor vigilancia de la propia conducta, una «rareza compatible» y sensación de pertenencia. Los resultados coinciden con trabajos anteriores en los que adultos autistas explicaban que se sentían más cómodos y auténticos con amigos autistas (Crompton et al., 2020).

Conviene mantener la evidencia en su justa medida. La muestra de Sharman y Seedorf se captó en redes sociales, dependía de las declaraciones de los participantes y estaba formada sobre todo por personas autistas, con TDAH o AuDHD. Algunos amigos se clasificaron según un neurotipo supuesto. Las propias autoras señalan que la literatura es limitada en esos grupos y casi inexistente para otras neurodivergencias.

Los resultados permiten afirmar que algunas personas neurodivergentes encuentran más fácilmente comprensión entre pares. No permiten asegurar que dos personas atípicas se entenderán de forma automática ni que una amistad con una persona neurotípica será menos profunda.

Parecerse no elimina los roces

El mismo estudio muestra la otra cara del reconocimiento. Una persona con falta de estimulación puede necesitar ruido y movimiento justo cuando su amiga saturada requiere silencio. Dos amigos pueden compartir la dificultad para iniciar conversaciones y esperar cada uno a que el otro escriba. Pueden comprender el sufrimiento de su compañero y carecer al mismo tiempo de energía para apoyarlo.

Los estilos de comunicación tampoco encajan siempre. La franqueza de una persona puede activar la sensibilidad al rechazo de otra. Las interrupciones asociadas al TDAH pueden agotar a alguien que necesita turnos estrictos. Pertenecer al gran conjunto «neurodivergente» no revela las necesidades íntimas del otro.

La homofilia plantea además un problema colectivo. La revisión de McPherson y sus colegas recuerda que las redes muy homogéneas limitan la información y las perspectivas a las que acceden sus miembros. Sentirse seguro entre personas semejantes es valioso. Convertir esa seguridad en una frontera absoluta puede reforzar el aislamiento entre grupos.

Parecerse no es clonarse, pero tampoco significa que la relación no requiera esfuerzo. La mejor base compartida es la que permite la diferencia en vez de tratarla como un error.

Las amistades entre neurotipos distintos también pueden funcionar

La teoría de la doble empatía propone que parte de los malentendidos entre personas autistas y no autistas son bidireccionales: cada grupo tiene dificultades para leer los códigos del otro. La perspectiva cambia el problema. Ya no hay una persona que comunica mal frente a otra que comunica de forma normal, sino dos estilos que deben construir una traducción común.

Esa traducción cansa cuando recae siempre sobre la misma persona. También puede convertirse en una habilidad compartida. Un amigo neurotípico puede aprender que apartar la mirada no significa desinterés; su amigo autista puede explicar que necesita peticiones explícitas. Una persona con TDAH puede hablar de sus interrupciones; la otra puede indicar cuándo quiere acabar la frase. La curiosidad mutua convierte la diferencia en información y no en culpa.

En Amistad neurodivergente: crear vínculos sin máscara y sin culpa proponemos precisamente crear entre dos un manual de la relación. Sentirse comprendido puede proceder de una experiencia idéntica, pero también de una escucha capaz de volver inteligible la experiencia ajena.

Atypikoo, un espacio para encontrar a los tuyos

Atypikoo nació de una constatación: las personas que se sienten diferentes o atípicas encuentran a veces pocos espacios donde crear vínculos sin tener que amoldarse. El proyecto busca que puedan conocer a personas con las que se reconozcan, tanto en la amistad como en el amor, y sentirse más comprendidas y en su lugar.

Encontrar a los tuyos no significa buscar dobles ni compartir necesariamente el mismo neurotipo. Se trata de conocer a personas con algunas experiencias, sensibilidades o formas de ver el mundo en común, aunque sigan siendo diferentes en muchos otros aspectos.

El sistema de afinidades es una de las herramientas que utiliza Atypikoo para facilitar esos encuentros. Destaca los rasgos declarados en común y ofrece más materia para iniciar una conversación. Según nuestros análisis internos, las conversaciones entre miembros que presentan afinidades tienden a prolongarse más. La puntuación abre una posibilidad, pero nunca decide la relación.

Fuentes

- McPherson, M., Smith-Lovin, L. y Cook, J. M. (2001). Birds of a Feather: Homophily in Social Networks. Annual Review of Sociology.
- Montoya, R. M., Horton, R. S. y Kirchner, J. (2008). Is actual similarity necessary for attraction? A meta-analysis of actual and perceived similarity. Journal of Social and Personal Relationships.
- Sharman, R. J. y Seedorf, T. (2025). Neurodivergent Friendships. Neurodiversity.
- Crompton, C. J. et al. (2020). I never realised everybody felt as happy as I do when I am around autistic people. Autism.
- Milton, D. E. M. (2012). On the ontological status of autism: the 'double empathy problem'. Disability & Society.

Publicado por David @david-es

Creé Atypikoo para personas que sienten, piensan y perciben el mundo de forma diferente. Desde 2019, más de 50.000 personas se han unido a esta comunidad pensada para perfiles neurodivergentes y personas sensibles. Más de 15.000 ya han participado en nuestros eventos. Cada semana, miles de conexiones nacen entre personas que por fin se sienten comprendidas.

0 comentarios en ¿Por qué nos hacemos amigos de quienes se nos parecen?